Todo está listo. Este es vuestro viaje: cada vuelo, cada hotel y cada traslado confirmado para que, desde que salís de casa hasta que volvéis, solo tengáis que dejaros llevar.
Sobre el terreno os acompaña Mil Colinas Tours, nuestra agencia local de confianza en Estambul, dirigida por Kori. Ellos coordinan todos vuestros traslados, guías y actividades, con guía privado en español en cada visita.
Pero no os dejo con ellos y me desentiendo: Kori y yo vamos a estar pendientes de vosotros los ocho días, cada uno desde su sitio. Para que sea fácil, abriremos un grupo de WhatsApp con Lara, Kori y yo: ahí se resuelve todo al momento, sin llamadas internacionales ni intermediarios. Cualquier cosa, la escribís y estamos.
Llegáis con la tarde ya empezada, así que el plan de hoy es sencillo: instalaros, respirar y dejar que la ciudad os reciba despacio. Si os quedan fuerzas, un primer paseo por Sultanahmet al caer la noche — con las mezquitas iluminadas y el olor a castañas asadas en la calle — es la mejor bienvenida posible.
Salida a las 09:00 con vuestro guía privado en español. El tour es entero a pie — está todo en el mismo barrio, es la mejor manera de verlo y no hay que meterse en ningún coche. Todas las entradas están incluidas.
Por la tarde, según cómo lleguéis. Si el cuerpo pide más, es buen momento para pasear sin rumbo o hacer alguna compra por la zona. Y si pide sofá, también vale — hoy habéis andado mucho.
Un día entero para vosotros, sin horarios ni guía. Os dejo dos opciones: la tranquila, y la que haría yo.
Si preferís un día pausado y sin desplazamientos, el palacio de los sultanes otomanos está a diez minutos andando del hotel. Cuatro patios, el Tesoro, el Harén y unas vistas del Bósforo desde sus terrazas que justifican la visita por sí solas. Se necesitan tres o cuatro horas para verlo con calma.
Antes de ir, mirad el precio y los horarios actualizados: las tarifas cambian a menudo y conviene comprobar si hay que sacar la entrada en taquilla o si ese día se puede online. Ojo: los martes cierra — vuestro día libre es jueves, así que sin problema.
Con la tarde libre después, os queda tiempo de sobra para el Mercado de las Especias o para un hammam.
Un día de ciudad de verdad, saliendo del circuito turístico. Se anda bastante, así que zapato cómodo y cerrado.
Todos mis sitios marcados: dónde comer bien y sin turistas, los mejores miradores, las casas de cambio de confianza, el hammam y las calles que no os podéis perder.
Sí, hay que madrugar mucho. Pero a media mañana estáis pisando un paisaje que no se parece a nada que hayáis visto antes, y se olvida el despertador.
Millocal lo he probado yo. El resto me los recomienda nuestra agencia local, que son los que viven allí — pero no os los puedo confirmar en primera persona.
Si os apetece salir a tomar algo por la tarde, pedid un Uber y en nada estáis en Göreme. Es bastante más turístico que Uçhisar, con más ambiente de calle y terrazas.
Después del globo, desayuno tranquilo en el hotel y vuestro guía os recoge para el segundo día de Capadocia, otra vez privado y con todas las entradas incluidas. La hora de recogida se ajusta a la vuestra: si voláis en globo, el guía espera a que estéis de vuelta y desayunados.
La mañana es vuestra: un último paseo por Uçhisar, un café mirando al valle y a hacer la maleta sin prisa. Por la tarde ya estáis de vuelta en Estambul, con el resto del día libre para volver a vuestros sitios o descubrir los que os faltaron.
El día es vuestro hasta la tarde. Y entonces llega lo que hemos guardado para el final.
Se acaba. Volvéis con la maleta más pesada, unos cuantos kilos de té y delicias turcas, y esa sensación rara de haber estado en dos continentes en una misma semana.
Id marcando lo que tengáis hecho. Se queda guardado en vuestro móvil.
Turquía es de esos sitios que te descolocan un poco. Estambul es ruido, olor a especias, gaviotas sobre el Bósforo y una llamada a la oración que te para en seco a media tarde. Capadocia es exactamente lo contrario: silencio, piedra y un amanecer que no se parece a ningún otro.
Vais a estar en dos continentes en una misma semana, y eso se nota. Dejaos sorprender, comed todo lo que os pongan por delante, decid que sí al té aunque no vayáis a comprar nada, y no midáis el viaje por lo que veis sino por cómo volvéis.
Y si surge algún imprevisto —siempre surge alguno—, no os agobiéis: para eso estoy yo. Todo se arregla.